Las nuevas recomendaciones británicas consensuadas sobre la pérdida de visión tras el uso de rellenos cambian el enfoque del mero hecho del riesgo raro a la preparación de la clínica para actuar sin demora. No se trata solo de la técnica de inyección, sino del recorrido del paciente, el consentimiento informado, el kit de emergencia en la clínica y la comprensión de qué pasos iniciales son aceptables antes de trasladar al paciente a urgencias. Así es como se formula el enfoque en las nuevas recomendaciones británicas consensuadas, publicadas en el Aesthetic Surgery Journal.

El documento fue preparado por un grupo de trabajo multidisciplinario que incluyó especialistas en medicina estética, oftalmología de urgencias, oculoplastia, cirugía retiniana, práctica de enfermería y farmacia. En el resumen en PubMed, los autores señalan directamente que estas recomendaciones se centran en medidas de emergencia, vías de acceso a atención especializada, mejora del proceso de consentimiento informado y aumento de la conciencia sobre las complicaciones visuales. Esta es una diferencia importante: el documento no intenta explicar todo el problema desde cero, sino que proporciona al clínico un marco práctico de acción en situaciones donde el tiempo es crítico.

Por qué la pérdida de visión tras el uso de rellenos vuelve a estar en el centro de atención profesional

La razón es simple: el número de procedimientos con rellenos está aumentando, y con ello, el número de complicaciones descritas. Las propias recomendaciones consensuadas muestran una dinámica reveladora: si en 2015 se describieron 98 casos de alteración visual tras inyecciones de rellenos, para 2018 ya eran 146, y para marzo de 2023, 511. Para la comunidad profesional, esto significa que incluso una complicación rara ya no puede considerarse un escenario meramente teórico o una excepción que nunca ocurrirá en la práctica real.

El mecanismo de la complicación se describe de manera bastante directa en el documento. La inyección intravascular no intencionada de un relleno tisular, generalmente un producto a base de ácido hialurónico, en el sistema vascular facial puede llevar a una embolización retrógrada y al bloqueo del flujo sanguíneo en las arterias relacionadas con el ojo. Por eso, la pérdida de visión tras el uso de rellenos no es un "efecto secundario cosmético", sino un verdadero evento vascular. De qué arteria se bloquee depende tanto el tipo de déficit visual, como los síntomas asociados y el pronóstico para el paciente.

Las recomendaciones subrayan que tal complicación suele ocurrir inmediatamente o dentro de los primeros 10 minutos después de la inyección. Muchos casos son graves desde el principio. En los datos recopilados a los que se refieren los autores, el 62.7% de los pacientes no tenía percepción de luz, el ptosis se describió en el 56.2% de los casos, la oftalmoplejía en el 44.1%, y los signos de afectación del sistema nervioso central en casi el 20% de los casos. Estas cifras cambian drásticamente la percepción del tema: no se trata de un malestar temporal o un efecto secundario "desagradable pero reversible", sino de una complicación que puede tener consecuencias catastróficas.

El texto también señala directamente que la recuperación de la visión es variable, y el factor pronóstico más importante sigue siendo el grado de pérdida de visión en el momento del primer examen. Para la clínica, esto significa solo una cosa: no solo importa la técnica de inyección antes de la complicación, sino también la rapidez con la que se reconoce el evento después de que ocurre. El tiempo perdido en dudas, auto-complacencia o demora en trasladar al paciente tiene un peso clínico real en tal escenario.

Qué recomiendan las nuevas recomendaciones británicas consensuadas

La fortaleza del documento radica en que está construido no alrededor de consideraciones abstractas, sino de preguntas prácticas. ¿Debe la clínica saber a dónde dirigir exactamente a tal paciente? ¿Es necesario un kit de emergencia? ¿Se debe hablar directamente sobre el riesgo de pérdida de visión durante el consentimiento informado? ¿Qué acciones son aceptables en los primeros minutos, y qué solo crea un retraso peligroso? Estas son las preguntas que discutió el grupo multidisciplinario reunido en 2024. Las formulaciones se acordaron mediante votación estructurada, y el umbral de acuerdo fue un nivel de consenso superior al 75%.

Una de las principales conclusiones prácticas suena dura y clara: ante la sospecha de afectación del sistema visual o del sistema nervioso central, el paciente debe ser trasladado sin demora al servicio de urgencias más cercano. Este principio puede parecer simple, pero es uno de los cambios clave en las recomendaciones. La lógica aquí es que una unidad oftalmológica especializada no siempre es la ruta más rápida y segura, especialmente si el cuadro clínico puede ir más allá de los síntomas oculares y tener un componente neurológico.

Una parte no menos importante del documento se refiere a la preparación de la propia clínica. Los autores consideran que los médicos que trabajan con rellenos tisulares deben tener a mano un kit de emergencia para complicaciones visuales e isquémicas, así como instrucciones simples para reconocer los síntomas y un plan de acción básico. En el artículo se mencionan directamente los componentes del kit:

  • timolol 0.5% gotas para los ojos
  • bolsa de papel para rebreathing
  • aspirina 300 mg
  • hialuronidasa al menos 7500 UI, si el especialista está capacitado para usarla

Es importante que los autores no solo hablen de la disponibilidad de los medicamentos como tal. Recomiendan verificar regularmente las fechas de vencimiento del contenido del kit, tener esquemas de acción simples listos y capacitar al equipo para reconocer los síntomas de un evento vascular. De lo contrario, incluso un kit de emergencia bien equipado corre el riesgo de quedar como un elemento decorativo "por si acaso", y no como una parte real del sistema de seguridad. Esta es una de las ideas más valiosas del documento: el problema no se resuelve solo con la presencia de hialuronidasa o gotas para los ojos. Se resuelve solo cuando todo el equipo entiende cuándo se activa el protocolo de emergencia y quién hace qué en los primeros minutos.

Otro gran bloque de cambios se refiere al consentimiento informado. Los autores acuerdan que antes de las inyecciones de rellenos, se debe informar al paciente sobre el riesgo de pérdida de visión, y el riesgo debe describirse como "raro", en lugar de intentar dar una cifra exacta para una zona o técnica específica. La razón es que la escala real del riesgo es difícil de calcular debido a la subnotificación, la heterogeneidad del diagnóstico, la falta de recolección de datos estandarizada y otras limitaciones. El documento también señala que durante la obtención del consentimiento, se debe considerar mencionar el riesgo de accidente cerebrovascular. Esta es una parte desagradable pero honesta de la práctica moderna, especialmente cuando se trata de una complicación que puede ir más allá de los síntomas oculares.

Los primeros minutos tras la sospecha de pérdida de visión: qué es aceptable y qué no debe sobreestimarse

Las recomendaciones consensuadas permiten algunas acciones iniciales no invasivas que se pueden realizar en la clínica antes del transporte. Su objetivo es intentar desplazar el émbolo más lejos hacia una parte más periférica del lecho vascular oftalmológico y así dar una oportunidad de restaurar la perfusión de la retina. Entre estas medidas, el documento menciona masaje ocular, rebreathing en bolsa de papel y gotas de timolol 0.5% en el ojo afectado.

Pero aquí el documento suena especialmente sobrio. Los autores reconocen que no hay una base de evidencia de alto nivel para tales medidas. Se pueden intentar debido a su relativa seguridad y beneficio potencial, pero ninguno de estos pasos debe crear un retraso significativo antes de trasladar al paciente al servicio de urgencias más cercano. Esta es una de las ideas más importantes de todo el documento: las acciones iniciales deben apoyar el recorrido del paciente, no reemplazarlo.

En un sentido práctico, esto significa que el deterioro repentino de la visión, la pérdida total o parcial de la visión, el dolor intenso, el ptosis, la alteración de los movimientos oculares, la palidez u otros cambios isquémicos en la piel en la zona periocular no deben considerarse como una reacción temporal al procedimiento. Estos son síntomas que deben activar el protocolo de emergencia, no una observación "unos minutos más". Si se añade que en aproximadamente una quinta parte de los casos son posibles características similares a un accidente cerebrovascular, se entiende por qué el documento enfatiza tanto la rapidez de la escalada.

Las recomendaciones también advierten contra acciones que solo pueden dar la apariencia de intervención activa. Los autores escriben directamente que medir la agudeza visual, las reacciones pupilares o la motilidad ocular no debe retrasar el traslado del paciente si estas pruebas no cambian la táctica aquí y ahora. Tampoco se apoya la realización rutinaria de procedimientos invasivos como la paracentesis de la cámara anterior debido a las pruebas limitadas de beneficio y el riesgo de complicaciones adicionales. Es decir, las recomendaciones no solo dicen que "hay que hacer algo", sino que también delimitan los límites de la actividad útil.

El papel de la hialuronidasa y qué significa para el médico y el paciente

Las discusiones profesionales más intensas tradicionalmente surgen en torno a la hialuronidasa, y las nuevas recomendaciones británicas consensuadas lo reconocen abiertamente. El documento no la presenta como una solución universal. Su uso solo se puede considerar cuando la complicación sospechada está relacionada específicamente con un relleno a base de ácido hialurónico. Es decir, es una herramienta para un escenario específico, no una respuesta estándar a cualquier pérdida de visión tras una inyección.

El texto señala directamente que la hialuronidasa periocular teóricamente puede ser útil para el pronóstico visual, por lo que se puede intentar si el médico está seguro de la técnica y si no crea un retraso en el traslado del paciente. En cambio, la inyección retrobulbar o peribulbar no se apoya debido a la débil base de evidencia y los riesgos individuales, incluido el riesgo de perforación ocular. Para la práctica, este es un mensaje importante: la hialuronidasa sigue siendo parte de la conversación, pero su papel se ha vuelto mucho más moderado y preciso.

Otra fortaleza de estas recomendaciones es que honestamente delinean sus propios límites. No prometen una recuperación visual garantizada. Por el contrario, los autores escriben directamente que la recuperación visual es variable, y el factor pronóstico más importante sigue siendo el grado de pérdida de visión en el momento del primer examen. Esto es lo que hace que el documento sea maduro y útil: no crea la ilusión de una "receta de salvación", sino que proporciona pasos pragmáticos para la primera línea de ayuda.

«Escribimos esta publicación revisada por pares para ayudar a los profesionales que realizan inyecciones a comprender el riesgo de pérdida de visión tras la administración de rellenos dérmicos y proporcionar pautas sobre cómo manejar tales casos».

Mr James Neffendorf, consultor oftalmólogo y cirujano vitreorretiniano, en un comentario para Aesthetics Journal.

Para el médico, el cambio principal es que la pérdida de visión tras el uso de rellenos ya no debe existir en la mente como un "cuento de terror muy raro". Es un escenario para el cual la clínica debe estar preparada de antemano. En un sentido práctico, esto significa cuatro cosas: consentimiento informado realista, una ruta clara hacia el servicio de urgencias, un kit de emergencia en la clínica y capacitación del equipo para reconocer los síntomas sin perder tiempo.

Para el paciente, la conclusión principal también es bastante directa: la seguridad del procedimiento no solo depende de la marca del relleno o la popularidad de la clínica. Depende del conocimiento anatómico, la técnica, la disposición del médico para actuar en una complicación vascular y una conversación honesta sobre los riesgos antes de la inyección. Por eso, estas recomendaciones consensuadas son importantes no solo para los profesionales, sino que también cambian el estándar de comunicación responsable con el paciente.